Marco Teológico

 

Marco Teológico

CONCEBIMOS LA TAREA TEOLÓGICA COMO UNA TAREA COMUNITARIA. Negamos que el quehacer teológico sea privativo de especialistas. Aunque reconocemos la importancia del don de la enseñanza para la edificación del cuerpo de Cristo, creemos que la reflexión teológica requiere el aporte de todo el pueblo de Dios. La teología tiene que liberarse de su cautividad academicista y del consecuente intelectualismo, y debe constituirse en un instrumento de esclarecimiento y crítica al alcance de toda la Iglesia, la comunidad hermenéutica.

ACEPTAMOS COMO BASE DE NUESTRA REFLEXIÓN LA REVELACIÓN DE DIOS, cuya expresión y tema central es Jesucristo el Señor, anunciado por los profetas del Antiguo Testamento, venido en carne, muerto y resucitado por nosotros, y activo hoy en la historia para llevar a la culminación su obra redentora. El Jesús de la historia es el Cristo de la fe; su realidad, actualizada por el Espíritu Santo por medio de las Sagradas Escrituras, hace posible la vida y la misión de la Iglesia. En él, el pueblo de Dios halla el modelo de la nueva humanidad y el poder para un nuevo estilo de vida en armonía con la voluntad de Dios. La reflexión y el discurso teológico encuentran su coherencia en Jesucristo.

NUESTRA TAREA TEOLÓGICA ES FUNDAMENTALMENTE UNA TAREA HERMENÉUTICA que procura trasladar la Palabra de Dios desde su contexto original a un contexto contemporáneo. Esta tarea presupone el diálogo con la Palabra escrita en su contexto determinado y actual, a la vez que la iluminación del Espíritu Santo que da testimonio acerca de Jesucristo; consecuentemente, es una tarea que requiere el estudio y la oración.

EL PROPÓSITO DE NUESTRA REFLEXIÓN ES PRIMORDIALMENTE PASTORAL. Anhelamos que nuestra teología corrobore a los y las creyentes en la fe y los capacite para llevar adelante la misión que Dios ha encomendado a su pueblo. Consideramos que la reflexión teológica genuina es una búsqueda de formas de obediencia al Señor en medio de una situación histórica específica con todas sus demandas e interrogantes particulares. Por ello, aunque reconoce antecedentes históricos, la labor teológica no es simplemente el aprendizaje o la repetición mecánica de formulaciones teológicas del pasado: siempre tiene un elemento de respuesta creativa a situaciones nuevas.

NUESTRAS FORMULACIONES TEOLÓGICAS SON A MENUDO NADA MÁS QUE UN BALBUCEO CON EL CUAL INTENTAMOS PONER EN PALABRAS LO INEFABLE. El Espíritu de Dios las utiliza en la medida en que se ajustan a los parámetros provistos en la Palabra que él mismo inspiró, de tal modo que nuestras palabras son instrumentos de su Palabra. Nuestro conocimiento de Dios, como nuestras formulaciones, tiene sus limitaciones. Ahora vemos en una forma confusa, como reflejos borrosos en un espejo; pero cuando Dios cumpla plenamente su propósito, veremos con toda claridad. Ahora solamente conocemos en parte, pero entonces vamos a conocer completamente, como Dios nos conoce a nosotros.

TANTO EL IMPULSO A LA REFLEXIÓN COMO LA BÚSQUEDA DE OBEDIENCIA A JESUCRISTO SON SEÑALES DE LA ACCIÓN DE DIOS EN EL SER HUMANO. El impulso a la reflexión aparece en todas las personas y en todas las culturas. La búsqueda de obediencia es fruto de la respuesta humana al llamado de Dios en Jesucristo. Ambos hallan sentido en la actitud de adoración que provee el marco de referencia más apropiado para la labor teológica.